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Orientar no es sólo decidir qué estudiar

Es aprender a construir el propio camino

CAT

En los últimos años, cada vez hay más evidencias que ponen de manifiesto la importancia de la orientación educativa y vocacional. Varios estudios indican que cuando los y las jóvenes disponen de un buen acompañamiento en sus procesos de decisión, disminuye el abandono escolar y aumenta la capacidad de conectar los propios intereses y talentos con un proyecto formativo o profesional con sentido.

Esto nos recuerda a una idea fundamental: la orientación no es sólo ayudar a escoger qué estudiar el próximo curso, en los casos de transiciones académicas. La orientación es, sobre todo, un proceso que acompaña a las personas a descubrir quiénes son, qué les mueve y cómo pueden construir su camino de vida. 

Por eso, cuando hablamos de orientación vocacional, es importante evitar caer en actividades puntuales o aisladas que pueden resultar interesantes, pero que a menudo tienen un impacto limitado si no forman parte de un proceso más amplio. 

El verdadero reto es construir un hilo conductor que acompañe a los y las jóvenes desde una mirada holística, integrando diferentes experiencias, reflexiones y aprendizajes que les ayuden a tomar decisiones con más conciencia.

Más allá de la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” 

Una de las preguntas más habituales que hacemos a los niños y adolescentes es “¿qué quieres ser de mayor?”. Sin embargo, esta pregunta puede ser engañosa si se reduce a encontrar una etiqueta profesional. 

A menudo, esta cuestión se responde con una profesión concreta, como médico, policía, futbolista o profesora (más adelante mencionaremos por qué hemos hablado de estas profesiones y no de otras), pero lo que realmente hay detrás es una cuestión mucho más profunda: quién quiero ser y cómo quiero vivir mi vida. 

Cuando la orientación se queda sólo en la superficie de las profesiones, el proceso puede quedar reducido a una lista de opciones. Sin embargo, cuando se trabaja desde el autoconocimiento y el sentido, la orientación se convierte en un proceso de crecimiento personal que ayuda a dar dirección al proyecto vital de cada persona. 

En este sentido, también es importante recordar que la vida no está hecha de una sola decisión importante, sino de muchas decisiones que tomamos a lo largo del tiempo. 

Por eso, más que ayudar a elegir “la respuesta correcta”, la orientación debería ayudar a aprender a tomar decisiones.

Cuando la orientación se queda sólo en la superficie de las profesiones, el proceso puede quedar reducido a una lista de opciones. Sin embargo, cuando se trabaja desde el autoconocimiento y el sentido, la orientación se convierte en un proceso de crecimiento personal que ayuda a dar dirección al proyecto vital de cada persona. 

Aprender a decidir a lo largo de la vida 

Decidir qué estudiar es solo una de las muchas decisiones que tendremos que afrontar. A lo largo de la vida también decidiremos proyectos profesionales, cambios de trabajo, aprendizajes, relaciones o formas de vivir. Por este motivo, cuando trabajamos la orientación con jóvenes, nuestro objetivo no es solo ayudarles a elegir el siguiente paso académico, sino entrenarlos en las competencias que les permitirán tomar decisiones con mayor conciencia a lo largo de su vida. Esto implica trabajar aspectos como:
  • el autoconocimiento
  • la gestión emocional ante la incertidumbre
  • la responsabilidad personal en las decisiones
  • la capacidad de pasar de la reflexión a la acción
Acompañar estos procesos requiere tiempo, experiencias significativas y espacios de reflexión que ayuden a los y las jóvenes a poner palabras a lo que sienten, piensan y desean.

Cuando las profesiones que imaginan a los jóvenes son siempre las mismas

¿Por qué anteriormente hemos puesto como ejemplo unas profesiones concretas? Un estudio de la OCDE señala un fenómeno muy revelador: cuando se pregunta a los niños y adolescentes qué quieren ser de mayores, la mayoría suele mencionar sólo una decena de profesiones, casi siempre las mismas. 

Además, estas respuestas presentan frecuentemente un sesgo de género importante, con determinadas profesiones asociadas a chicos y otras a chicas.

Este hecho nos muestra que muchas vocaciones potenciales pueden permanecer invisibles si los y las jóvenes no tienen oportunidades de conocer otras realidades profesionales. 

Por eso es tan importante conectar el mundo educativo con el mundo profesional. Cuando estos dos ámbitos se encuentran y dialogan, los y las jóvenes pueden ampliar su mirada y descubrir profesiones que quizás nunca se habían imaginado y eliminar el sesgo de género.

Las ferias de orientación como espacios de descubrimiento

En los últimos años, cada vez más municipios e instituciones están impulsando ferias de orientación académica y profesional. Estas iniciativas permiten que el alumnado pueda conocer de primera mano diferentes itinerarios formativos y realidades profesionales.

Estas ferias pueden ser una gran oportunidad para despertar curiosidad, generar preguntas y descubrir nuevas vocaciones. Ahora bien, para que estas experiencias tengan un impacto real, es importante que no sean una actividad aislada dentro del proceso educativo.

Visitar una feria puede ser muy enriquecedor, pero su valor aumenta mucho cuando forma parte de un plan de orientación más amplio.

Es imprescindible preparar antes, vivir durante y reflexionar después. Por este motivo, desde El Despertador hemos desarrollado diferentes propuestas metodológicas para ayudar a los centros educativos a integrar estas experiencias dentro de su proyecto de orientación.

Una de las herramientas que utilizamos son fichas de trabajo estructuradas en tres momentos clave:

  1. Antes de la feria: Para ayudar al alumnado a preparar la visita, identificar intereses y formular preguntas que quieran explorar.
  2. Durante la feria: Para facilitar que la visita sea activa y significativa, promoviendo la conversación con profesionales y el descubrimiento de nuevos ámbitos.
  3. Después de la feria: Para reflexionar sobre lo que se ha descubierto, conectarlo con los propios intereses e integrarlo dentro del proceso de orientación personal.

De este modo, la feria deja de ser una actividad puntual y se convierte en una experiencia de aprendizaje integrada dentro del proceso de orientación del alumnado.

Una mirada que acompaña procesos

Desde El despertador trabajamos con centros educativos, ayuntamientos y comunidades educativas para diseñar planes de orientación que tengan coherencia y continuidad a lo largo del tiempo. 

Acompañamos a los centros en la construcción de su propio proyecto de orientación, ofrecemos actividades para alumnado y familias, y también trabajamos con los equipos educativos para que puedan incorporar esta mirada en su día a día. 

También ponemos el foco en medir el impacto de estas acciones, porque creemos que la orientación debe generar aprendizajes significativos y contribuir realmente al desarrollo personal y vocacional de los jóvenes.

Porque, al fin y al cabo, orientar no es sólo ayudar a decidir qué estudiar. Orientar es acompañar a las personas a descubrir quiénes son, qué les mueve y cómo pueden construir su camino con sentido.

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