Articles

Aprendiendo a conducir

Cómo acompañar a los hijos e hijas en su camino hacia la autonomía

Me gusta comparar el ciclo vital y el acompañamiento que hacemos de nuestros hijos e hijas con la posición que ocupamos dentro de un coche familiar. Me explico (por si también puede servirle):

La infancia: de la sillita trasera…

En la etapa de la infancia, nuestros hijos e hijas van al asiento trasero con su sillita, bien atados y protegidos. Nosotros, madres y padres, somos quienes conducimos: decidimos la ruta y tomamos las decisiones clave. Ellos confían en nosotros, se dejan llevar y disfrutan del viaje. Nosotros, con los recursos que tenemos, intentamos tomar las mejores decisiones posibles, eligiendo caminos que puedan ser enriquecedores y llenos de aprendizajes. El trayecto no siempre es fácil ni tranquilo; en la infancia también hay conflictos y momentos de tensión, pero somos nosotros quienes llevamos el volante y quienes asumimos la responsabilidad de decidir el rumbo, con errores y aciertos, pero siempre con la mejor de las intenciones.

La adolescencia: … en el asiento de copiloto

En la adolescencia, nuestros hijos e hijas pasan a ocupar el asiento de copiloto; y lo mismo ocurre con la relación y el vínculo. En esta posición tienen mucha mayor visión de la ruta, pueden empezar a valorar opciones y opinar sobre qué camino creen mejor. Se puede generar más conflicto, puesto que todo el mundo quiere tener la razón. Incluso nos pueden mirar de reojo, pensando que no conducimos lo mejor que pensaban o que ellos lo hacen con un estilo diferente. Es el momento vital en el que comienzan a construir su identidad y, para ello, necesitan diferenciarse de nosotros; hasta ahora éramos un pack. 

Nosotros, madres y padres, seguimos llevando el coche, pero deberemos discutir o negociar mucho más cada una de las decisiones que tomamos. Es una etapa en la que hace falta “recalcular la ruta” en la relación, ya que, si los seguimos tratando como cuando iban al asiento de atrás, no reforzaremos su confianza ni su liderazgo y el conflicto está servido. 

Aquí nos toca aceptar su cambio de lugar. Porque si los seguimos buscando por el retrovisor, esperando encontrarlos durmiendo plácidamente en la sillita, nos perdemos el presente.

Necesitamos gestionar nuestro duelo para poder atender y entender al hijo o hija que ahora tenemos a nuestro lado, que, aunque no lo parezca, nos necesita más que nunca. Podemos tener más tensiones por la diversidad de opiniones, pero también podemos compartir conversaciones muy interesantes, si estamos abiertos a ellas y queremos (re)descubrirlos de nuevo. 

Puede ir bien, por ejemplo, preguntarles: 
«¿Tú por qué crees que deberíamos ir hacia aquí?» 

E incluso si nos lo argumentan bien, hacerles caso, probar la ruta propuesta y después valorar cómo ha ido. Si ha sido acertada, ponerlo en valor; y si nos hemos perdido o nos hemos desviado demasiado, que sirva para reflexionar qué haríamos diferente la próxima vez. En definitiva, identificar cuál ha sido el aprendizaje. 

En esta etapa, nuestros hijos e hijas empiezan a tener unas ganas enormes de quitarse el carnet de conducir, explorar mundo y descubrir quiénes son, más allá del coche familiar.

Cuando ellos comienzan a conducir

Llegará un momento en el que seremos nosotros quienes haremos de copiloto. Ellos empezarán a llevar el volante de su vida, aún con la “L” de prácticas, con inseguridad, emoción, miedo e ilusión mezcladas. Tomarán sus propias decisiones y nosotros les acompañaremos desde el lado, ofreciendo unas coordenadas suficientemente amplias pero también lo suficientemente estables como para que puedan explorarse con cierta seguridad. Cómo marcar las líneas del arcén. 

Lo haremos también con miedo, porque los vemos todavía muy principiantes, porque no queremos que tomen daño, porque nos los amamos con locura, podemos sentir añoranza de darnos cuenta de que pronto ya no será necesario ni hacerlos de copiloto, y con ilusión, a la vez, de verlos mirando adelante.  

A veces podemos tener la tentación de cogerles el volante para rectificar algún movimiento que nosotros haríamos diferente, tanto por la resistencia emocional a asumir que ya no somos nosotros quienes conducimos, como por la inseguridad que aparece cuando nuestros hijos ya no nos necesitan de una forma tan activa. 

 Nos han visto conducir durante muchos años; hemos hecho de modelo. Siempre nos han estado observando, por tanto, debemos respirar y saber que nuestro trabajo está hecho.  

Ahora toca confiar y soltar.

Y, por último, viajarán solos, y así debe ser. Ya no hará falta que estemos al lado, porque se sentirán con las herramientas y recursos suficientes para autoliderarse, elegir destino y llenar su coche vital con las personas que ellos elijan. 

Eso sí: nosotros siempre estaremos como servicio de asistencia 24 horas en la carretera, y siempre habrá un sitio en nuestro coche familiar. Y, de vez en cuando, quizá nos traigan ellos en su nuevo coche. Y quién sabe, quizás seremos nosotros quienes sentemos en el asiento trasero, dejándonos llevar, aprendiendo de ellos, conociendo nuevos estilos de conducción y descubriendo nuevos paisajes de su mano.

 

Desde El despertador acompañamos a las familias (madres y padres, y también a hijos e hijas), a lo largo de las diferentes fases de este ciclo vital —o dicho de otro modo, en los diferentes cambios de asiento dentro del coche. 

Lo hacemos ofreciendo espacios de reflexión y acompañamiento por: 

  • Entender y atender a los cambios que se producen durante la adolescencia, tanto en los hijos e hijas como en los adultos que les acompañamos.
  • Acompañar a la gestión emocional.
  • Generar vínculos afectivos, efectivos y constructivos entre madres/padres e hijos.
  • Acompañar la toma de decisiones 

Realizamos actividades y formaciones en los Institutos tanto para el alumnado como para las familias.

Un artículo de:

Anna Soriano Oliver, codirectora de El despertador.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *