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Mi vida en mis manos (por Eva Sánchez-Paniagua)

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Fotografia de Toni Martínez

♫  Escucha la BSO de este artículo

Durante los años he comprobado, por mi propia experiencia, que siempre podemos encontrar la forma de mejorar nuestras relaciones con los demás

Hace algún tiempo que me he cruzado con una persona muy particular. Un individuo genial en muchos aspectos y también de trato íntimo difícil. Tengo que confesar que es uno de mis grandes maestros para avanzar hacia la mejor versión de mí misma.

Cada tentación de esperar un comportamiento por su parte, se ha esfumado con la búsqueda interna del motivo por el cual yo necesitaba ese resultado. Me conducía a observar mis actitudes y dirigirlas a adaptarme, a aceptar y a dar lo mejor de mí.

Si realmente quiero mejorar la situación,
puedo trabajar en lo único
sobre lo que tengo control:
yo mismo

Lo más relevante que me ha enseñado esta relación es a no huir, y, por consiguiente, a aprender y a transformarme. Y, además del crecimiento interior, he conseguido conocer a un espíritu maravilloso y excepcional. Es cierto, pues, lo que afirma Stephen Covey en su cita: ’Si realmente quiero mejorar la situación, puedo trabajar en lo único sobre lo que tengo control: yo mismo’.

Estamos habituados a valorar el entorno, a juzgarlo y a dirigir nuestras expectativas hacia el exterior. Esperamos un golpe de suerte, que cambie lo que nos rodea para que encaje con lo que deseamos. Esta perspectiva sobre la vida nos abandona al libre albedrío de los acontecimientos. Nos exime de cualquier responsabilidad sobre lo que sucede. Nos convierte en individuos pasivos, sin capacidad de maniobra. Esta aparente comodidad nos empuja al inmovilismo y al conformismo de la mediocridad.

Poner nuestras expectativas fuera de nosotros nos conduce a dos opciones: la resignación o el conflicto continuo. Puede parecer desolador pensar que no podemos cambiar los acontecimientos, que no podemos controlar los comportamientos ajenos, ni transformar a las personas a nuestro antojo.

El escenario se torna mucho más optimista cuando ponemos la atención en nosotros mismos. Ante cualquier acontecimiento externo poco amable o contrario a nuestros intereses, se abre un abanico de oportunidades cuando nos hacemos la pregunta: ¿qué puedo hacer yo conmigo misma, con mis pensamientos, con mis acciones para mejorar esta situación?

mi-vida-en-mis-manos2No consiste en aceptar con resignación, si no consentir con actitud activa, para transformarme a mí misma. Esta otra perspectiva me ofrece mucho poder: asumo con responsabilidad que yo creo mi realidad y veré los resultados en el futuro. Soy capaz, a través de mí, de provocar cambios en el exterior.

Del mismo modo, no son los sucesos los que determinan nuestra felicidad o nuestras emociones, sino la actitud que tenemos ante ellos. Nuestros pensamientos crean nuestras emociones, que inciden directamente en nuestra salud y que conducen nuestros actos a crear nuestra realidad.

Afortunadamente, tenemos las riendas de la vida en nuestras manos.

 

Eva Sanchez

 

 

Un article d’Eva Sánchez-Paniagua,
coach i formadora, col·laboradora
de l’àrea d’organitzacions d’El despertador

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