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Rebelándonos contra la Ley de la Inercia de Newton

CAT

La dinámica de los cuerpos y la construcción del bienestar

¿Cuántas veces te has reprochado a ti mismo/a: “¿Cómo es que sigo igual y no hago nada para cambiarlo, a pesar de saber que estaría mejor o a pesar de que me haga ilusión conseguirlo?”

Te quiero invitar a que te relajes, porque no te pasa sólo a ti. De hecho, un tal Isaac Newton, en pleno siglo XVII, también se lo preguntaba. Y reflexionando publicó su libro Philosophiæ naturalis principia mathematica (1687), donde presenta 3 leyes de la dinámica capitales en la física y en la comprensión de nuestro mundo.

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Si nos fijamos, la 1ª ley de Newton -también llamada Ley de la inercia-, postula que “todo cuerpo conserva su estado de reposo o en movimiento rectilíneo uniforme si no actúa ninguna fuerza”. En consecuencia, definimos la inercia como la capacidad que tienen los cuerpos para resistir un cambio en su estado, tanto si están en movimiento como en reposo. Tratan de continuar como estaban previamente.

Por lo tanto, la dificultad de vencer las inercias, de salir de las zonas conocidas, no sólo tiene que ver con los miedos por lo que habrá más allá de este mapa que conocemos (las famosas zonas de confort). La dinámica de los cuerpos nos cuenta que es algo natural en nosotros mantener las propias inercias. Por ello, a pesar de que nos ilusione un objetivo, lo más común y humano es que lo abandonemos y se quede sólo en un intento.

Ahora bien, que sea lo más natural no significa que sea el mejor para nosotros. Y nuestras ganas de vivir mejor o ir más lejos, ¿qué tienen que decir?

Necesitamos introducir una fuerza suficientemente significativa para romper la dinámica, cambiar la inercia que llevamos y generar una nueva que nos pueda llevar más satisfacción o bienestar. Conviniendo que nuestra tendencia natural será querer instalarse en una inercia que nos lleve.

 

Por lo tanto, sí, es complejo, porque nuestro cuerpo nos lleva hacia la conservación de lo que ya teníamos. ¿De dónde sacamos esa fuerza, esa voluntad, y cómo podemos hacer que este movimiento se transforme en una nueva inercia?

  1. Rebelión: escuchar el desgaste de nuestro cuerpo y de una inercia que no nos satisface es un buen motivo para empezar. Rebelarnos y decir basta es un inicio. Pero no es suficiente…
  2. Des-identificación: en muchas ocasiones confundimos el cuerpo (nuestra esencia) por la dinámica de la que venimos (por la inercia), creemos que somos eso, cuando realmente desconocemos nuestra capacidad real. Parafraseando a otro genio, Einstein, podemos hacer lo imposible cuando caminamos sin ruido, sin que nadie nos diga si es o no posible.
  3. Convicción: creer en nosotros y en nuestra capacidad de generar un cambio significativo. En este sentido, revisitar y celebrar cambios de trayectoria pasadas nos puede ayudar a descubrir otras versiones de nuestra identidad actual. Podemos encontrar recursos útiles y renovar el espíritu de la apuesta.
  4. Motivación: la voluntad y la fuerza la encontramos en lo que queremos conseguir y no en lo que queremos dejar atrás (aunque en un primer momento nos ayudara). Alinearnos con una llama que nos alimente, por muy lejana que nos parezca, lo que nos importa es que nos inspire y lata desde el corazón, desde lo que queremos para nosotros.
  5. Un plan de acción: concretar y tejer un plan ecológico será lo que nos permitirá convertir la fuerza revitalizadora en una nueva inercia transformadora. Construir una nueva rutina donde estén presentes pequeños retos diarios que nos motiven, que sean casi imperceptibles (muy asumibles) y significativos al mismo tiempo.

“El gran cambio lo descubriremos en la dinámica.
Al sentir que el movimiento es diferente
y más pertinente con nuestro cuerpo


Porque el gran cambio lo descubriremos en la dinámica, como resultado de todo ello y no como consecuencia de un gran esfuerzo. Al sentir que el movimiento es diferente y más pertinente con nuestro cuerpo.

Sólo nos queda preguntarnos: ¿qué queremos hacer con todo esto? Una acción-excusa, malgastar fuerzas para decir que ya lo hemos intentado y retirarnos resignados a la inercia que llevábamos y que sabemos exactamente dónde nos conduce? O tal vez una nueva acción que se comprometa en transformar nuestra vida en nuevos escenarios y paisajes que, sin saber cómo serán, nos llevarán seguramente a vivir mejor?

Y cuando menos, estaremos ya en movimiento… Porque muchas veces no nos movemos esperando en dar el mejor movimiento, cuando es un movimiento pequeño lo que rompe la inercia y hace que pueda venir otro. No es necesario que sea el acertado, sólo es necesario que sea de verdad.

 

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Un artículo de Jordi Muñoz,
coach, recreador personal y musicoterapeuta,
fundador y co-director d’El despertador

 


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