Perspectiva de gènere

– Mujer – (Jordi Muñoz)

“Mujeres en resistencia.
Escucha la voz de mi corazón,
decidir es mi razón”.

“Nunca más un México sin nosotras”.[1]

A todas las niñas que serán o pasaron a ser doñas.

A todas las doñas que son aún niñas.

A las madres, a las hijas, a las solteras, a las preñadas, a las casadas, a las abandonadas, a las ninguneadas, a las “domésticas”[2], a las felices, a las cansadas, a las soñadoras, a las tristes, a las trabajadoras, a las dolorosas.

A las Chayos, Rumildas, Cármenes, Anabeles, Scarlettes, Auras… que luchan por mantener firme su paso, digna su mirada, cálido su hogar, protegiendo sus “chigüines”[3].

A las Kleliams, Lupitas, Pilis, Karelias, Yaoskas… que ensayan jugando, palmeando inocentes la realidad, sin tiempo para digerir risas ni lloriqueos.

A las mujeres de Quilalí[4], Ciudad Juárez, África y el mundo entero, arrastradas por el huracán cultural que ha barrido de machismo todos los cimientos humanos en una historia incivilizada de abusos y escombros en lugar de derechos y respetos.

A las de acá y de allá, de ayer, de hoy, de mañana, de siempre, que intentan romper esas cadenas y reclaman su autonomía, empujando día a día, sin pausa, encajando los azotes cotidianos sórdidos y exasperantes y contestando a los prejuicios, culpas, hábitos, con una palabra llena de colorido, deseo y esperanza, desenmascarando la segregación indiferente.

Y sobre todo a las humilladas y maltratadas que no ven ni pueden alumbrar un rasguño, violadas indefensas, congeladas en una condena silenciosa que asocian naturalmente a su repudiada condición. A las negadas de verbo, de ojos, de amor, de vida, encerradas en las catacumbas irrespirables del olvido, ahogadas por el mal hábito de/generativo, exhortadas a criar sin rechistar y fregar sin llorar.

Desconsuelos reprimidos, miradas ausentes, andares nauseabundos, penalidades inconscientes… “Lampasean”[5] sus penas y gritos oscuros entre soledades calladas y sueños heridos. Desnudos prohibidos, espejos agotados, frecuentes abandonos y reproches esposados. El camino de esta mujer se diluye a grandes zancos, sacrificándose sin tiempo para suspiros, sin permiso para relajos.

A ésta y a todas las otras mujeres, a las mencionadas y a las sin nombre, quiero dedicarles este espacio y rendirles homenaje no sólo por su amargo e injusto sufrimiento, sino por el maravilloso poder fascinante de su sensibilidad y por la admirable fuerza de voluntad con la que consiguen salir adelante de las más inhóspitas situaciones, de los desencajes más exigentes y maltrechos.

 

Mujer que amanecés palmeando

Cuando el sol se está levantando

Mujer que cocés entre soledades y valor

Canciones, sudores y frijoles con amor

Mujer que platicás chineando[6] y trabajando

El idioma de la vida andás enseñando

Mujer que sufrís por tus chigüines

Abrazás rezando sus sentires

Mujer, ¿cómo te sentís?

Vos que tomás la vida de frente

Sin poder mirar qué tenés en mente

Entre durezas y llantos te afligís

Mujer, ¡cómo sonríes!

Y arrancás caricias al mundo

Y regalás bailes desde lo más profundo

Mujer, ¡estás acá!, no lo olvides

 

/mujer en Quilalí/

Yesenia amanece todos los días (sin paréntesis) antes que nadie a preparar las “tortillas”[7]. Entre las cuatro o cinco oscuras se levanta, dejando a su pequeña durmiendo en la cama, y empieza a amasar y palmear sin descanso, después de haber llevado el maíz al molino. A las seis, cuando empieza a despertar el sol, recibe ya la compañía de su inseparable “pipe”[8], tras gimoteo previo incontenible, que empieza su conversación particular con Chepito – el loro de la casa- mientras la “mita”[9] le canta alguna canción a ritmo de ranchera radial. El primer termo madrugador de café rico está listo y los frijoles cociéndose, dispuestos a acompañar y alentar otra jornada

Yesenia tiene dieciocho, una hija de meses y hace un par de años que trabaja como doméstica ayudando a doña Cándida en las labores de la casa y, sobre todo, cuidando a los niños de la hija mayor, que trabaja en el centro de salud del pueblo todo el día. Yesi, además de trabajar para mantener a su larga lista de herman@s esparcid@s por varias comunidades del municipio, vive junto a una familia que <<de rebote>> ha pasado a ser la suya también. Su chiquitita (Anita) es producto de un des/encuentro fortuito con el hijo menor de la casa; de resultas: un drama familiar culebrónico, gaje desgraciado del oficio en estas latitudes, en el que el padre ignora por completo su descendencia –por muy encantadora que sea, y aunque la tenga en directo bajo el mismo techo- y se desentiende e insulta a la muchachita enamorada –ahorita mamá- que, sola, desencajada y sin nada, deberá tragarse todo (rabia, orgullo, amor y proyectos) y canalizarlo en esa criatura preciosa, nueva compañera trágica de camino a quien deberá aprender a querer y cuidar a cada paso.

Yesenia… y lo fatal se vuelve por momentos bendición, en este giro transcendente que le ha dado la vida y que la marcará para siempre: su máscara, sus horizontes, su soledad, sus deseos, sus temblores, su mirada… Todo vuelca su perspectiva hacia otra presencia. Los estudios, los amantes, los futuros, los favores… Todos están teñidos de este condicionante. Ya no está sola, ya no vive sola, está su otra y ese sentimiento tan fuerte enloqueciéndole las entrañas. Y para completar este nuevo escenario, una familia que abre los brazos y las acoge y reconoce.

Yesenia soñadora palmea, canta, lampasea, muele el café, se baña, hace los deberes, ríe a carcajadas, lava, escribe apasionada, cambia los pañales, se seca las lágrimas, hace la comida, baila, alista los chigüines, se viste de colores, mira la telenovela, va a por mandados, se enamora ilusionada, besa radiante a su pitusa.

 

Cuento para Yesi:

Había crecido a contrapelo, sobreponiéndose a los hachazos desgarradores y a los sinsabores de la vida agarrándose con todas sus fuerzas a sus utopías, amores y alegrías. Cada una de las distintas experiencias, ilusionantes o desesperantes, se metían surcando los intersticios de su piel en forma de vida absorbida o por absorber. Así que, sin darse cuenta, entre tonalidades, responsabilidades y desamores se hizo mujer a golpes intensos de madurez forzada. De uno de ellos, creció en su interior una nueva semilla sorprendente y abrumadora de sensaciones y contracciones. Había venido al mundo, sin pedirlo ella, a acompañarla en su viaje, a hacérselo más ameno y llevadero. Una nueva puerta –dimensión sensible- se abrió, llena de sustancias emotivas desconocidas, cubriéndola de ternura y cuidado hacia su hija y, por ende, sí misma. De modo que la niña ya crecida se convirtió en lo que es hoy: en una madre recibiendo y repartiendo amor, pero a la vez en una muchacha de dieciocho años, en una joven mujer soñadora con ganas de acariciar y descubrir el mundo sonriendo con cada latido de su corazón.

 

Doña Cándida acomoda la cuajada y limpia la rutina con ánimos renovados cada día. Sus hij@s, niet@s y colindantes la miran con respeto, ganado con su sangre y su bondad, tejido de honestidad. Matriarca que espera ansiosa su marido, con el “gallo pinto”[10] fiel calentito y con cariño, mientras su dignidad maltrecha y agredida por linajes paternos paralelos recompone los agravios con dosis extra de paciencia indulgente. En las puertas del abandono, con la amenaza de la separación latente, lacrimosa apura el paso y procura consistente no ponerle mente.

De mirada tierna, sonrisa materna ancha y gesto tenso recogido, respira sinceramente entre aires angustiados mezclados de fraternidad y soledad, mientras vela lealmente por el bienestar familiar. Aún alborozan su descanso nocturno, aquellos disparos lejanos de odio y aflicción guardados en la historia afligida de su pueblo, rastros de una guerra siempre tangible en los ojos y andares de sus habitantes. Aún le hielan el corazón, aquellos gritos doloridos imborrables, que el tiempo ha reducido a susurros inquietantes, y el temor que reaparezcan en cualquier instante matándola de sufrimiento. Aún gime en secreto, las heridas espeluznantes incurables de muertes pretéritas corrientes y separaciones protectoras filiales todavía vigentes.

Afronta cada paso con el tesón de quien ya se ha levantado una y mil veces de tantos maltratos injustos y crueles estupideces. Cansada, pero con vigor, y espléndida, con sudor, tiene su puerta abierta a toda persona humana que su ayuda reclame, aunque de un hijo ilegítimo ajeno se trate.

Cándida camina sufriendo discretamente, sin ruido y con pavor, aunque en momentos relajados de canción contagie su alegría sencilla bailando ritmos optimistas y deje sentir su voz, llena de energía y voracidad vital.

delante de la tropa
preparando
las tortillas del amanecer
el saco de la ropa
va cargando
delante de la tropa
esa mujer

Adelita
¿quién no te vio
entre maíz
y balacera
dando amor?

la lumbre el agua
el beso en las heridas
la comida el sexo y el amor
pero también las balas y la vida
entregada al grito
y al valor

Adelita
¿quién no te vio
entre maíz
y balacera
dando amor? [11]

 

Adelita es toda una mujer a tempo adolescente, creciendo a marchas forzadas, sin tiempo para suspirar su infancia inconsciente. Desde cría ha tenido poco espacio para el juego y mucho más para el entreno. Agarrando responsabilidades, estudiando su papel, reflejándose en el rígido espejo que induce su cometer. Atenta toma nota: del lampaso a los platos, del mandado a las “tajadas”[12]. Su ritmo se desgrana a demandas persistentes. La mama y la mita, modelos consolidados, simulaciones avanzadas, que le marcan trayectorias sin descanso, señales de su sino con el sabor del abrazo.

Once años y practica cuidando desde siempre a su hermanito, al “seca leche”[13] consentido de la casa que espera los servicios de las otras y nunca atiende. Adelita y toda la vida pendiente de un socorro urgente por cualquier nimiedad intrascendente. Injustos parámetros culturales de difícil comprensión para una pequeña emergente, creciendo al compás de un machismo incipiente, discriminante, constatado y afirmado a cada instante.

Su porvenir se perfila en el hogar, pese a que le gusta estudiar, ella vive para cuidar todo lo referido a su lugar. Con mimo y sentido, con temor al rechazo, cumple firme sus obligaciones sin un pero en sus labios y el compromiso tomado de sus ejemplos.

Y se alista presumida, prolija y comedida. Como cada domingo por la mañana va a misa con la familia. En un año especial, de rituales de paso importantes: promoción para secundaria en la “escuelona” y comunión en la iglesia católica del pueblo.

Adquiriendo deberes de la vida, se hace mayor sin percatarse. Su madre la mira casi sin reconocerla: ¿dónde quedó esa niña? Ya las “escondidas”[14] quedaron atrás, pese a su natural inercia lúdica, dando paso a presencias locuaces y modélicas.

Adelita, resignada a quemar velozmente etapas sin “Santa Cló”[15] ni inocencias mágicas, demasiada superdotada en el apartado <<crudas realidades, valores y sudores de las cosas>>. No es una chiquilla, hace mucho que la dejó para guardarla como recuerdo dulce en su memoria. Ya sabe que difícilmente va a tener más de un regalo para Navidad o su cumpleaños –a su mamá no le sobran ni le alcanzan para más los pesos- y que aun puede dar gracias si cae alguno. Y que, además, debe poner conciencia y responsabilidad para evitar ingenuidades, disgustos y problemáticas que acechan y sacuden su juventud y que pueden lamentar decisivamente su recorrido.

Precoz en las artimañas pequeñas del mundo, se esfuerza para dibujar con su sonrisa nuevas voces que perfilen nuevos carices desde lo más profundo. Adelita combate adversidades gestando realidades a cada segundo.

 

Mujer

Ya puedes agradecer
la suerte que se te da,
yo estaba sentada aquí
pensando en el bien y el mal.
Pero soy de esas mujeres
hechas para durar;
quisieron dejarme atrás,
no lo pudieron lograr.

Por un hijo mío
yo pasaría hambre.
Yo llevo a Etopía
dentro de mí.
Y en todos los hombres
corre mi sangre.
En este mundo sin Dios
que me vio nacer
hasta los ciegos vieron
lo que yo lloré.

This is a woman’s world
mundo de mujer.
This is a woman’s world,
es mi mundo.
No hay en el mundo una mujer,
que no pueda dar amor
en este mundo de hombres.

Di a luz y crié,
y di de comer.
Pagué con la vida
mi don de curar.
Ardí en la hoguera
de las hechiceras.
Tantas veces tuve que morir
que sólo ahora empiezo a vivir.

En todos los hombres
corre mi sangre.
En este mundo sin Dios
que me vio nacer
hasta los ciegos vieron
lo que yo lloré.

Neneh Cherry[16]

[1] Motivos pintados en algunas de las casas de una comunidad indígena zapatista de Chiapas (México).

[2] Mujeres que se ocupan de los quehaceres “domésticos” (lavar, cocinar, limpiar, cuidar de l@s niñ@s…). Un elemento indisociable del cuadro familiar latinoamericano.

[3] “Niños” en Nicaragua.

[4] Municipio pequeño y precioso entre montañas del norte de Nicaragua, en el departamento de Nueva Segovia, donde conviví la mayor parte del tiempo durante un año junto a una familia.

[5] “Lampasear” en Nicaragua se usa en lugar de nuestro “fregar” (la fregona es el “lampaso”).

[6] En español de Centroamérica “platicar” es “hablar” y “chinear” es “coger en brazos” o “poner en la falda” –a el/la niñ@ -.

[7] El pan suyo de cada día, que acompaña todos los tiempos, hecho de maíz.

[8] “Bebé”.

[9] “Abuelita”.

[10] Plato típico de Nicaragua compuesto de arroz y frijoles.

[11] Canción de Pedro Guerra.

[12] Plátanos, cortados a pedacitos, fritos.

[13] Nombre con el que se denomina coloquialmente en Nicaragua al hijo pequeño.

[14] Popular juego del “escondite” cuya gracia está, como no, en esconderse.

[15] “Santa Claus”.

[16] Versión en castellano de la canción <<Woman>> del álbum Man (1996).

‘Mujer’, capítulo del libro ‘Instantáneas güegües,
rutas emotivas entre selvas y volcanes’ (2004)
de Jordi Muñoz


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Relat de Jordi Muñoz, participant de l’edició de Sant Jordi i Santa Jordina – abril 2019.
Si vols llegir la resta de relats presentats al concurs clica al següent enllaç.

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Coneix les anteriors edicions del concurs i les seves temàtiques:

Amb aquesta ja són 6 les edicions del concurs #somriulavida de Sant Jordi. Cada una d’elles ha tingut una temàtica diferent: fotografies, haikus, imatges despertadores, relats amb valors… Et convidem a fer un cop d’ull a les edicions passades: 1r concurs2n concurs3er concurs4t concurs, 5è concurs.

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