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Aprendiendo a vivir en el fuera de juego

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Sobre los límites y el Burnout

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Vivimos, y ahora es muy evidente y explícito a raíz de la pandemia, tiempos difíciles de entender, de transitar y de gestionar. Tiempos de incertidumbre, de cambio constante en todos los sentidos, de contingencia, de confinamiento, de desencuentros, de teletrabajo y de conciliación de tantas cosas! Momentos complejos en que experimentamos situaciones que impactan ejes muy esenciales y que no hemos sabido en ningún momento -ni sabemos todavía- cuánto más se prolongarán. Escenarios límite que son nuevos y que, como es normal, nos llevan a no saber cómo actuar. Y que, a su vez, nos llevan también al límite de aquellos aspectos donde tenemos dificultad. Estamos permanentemente abocad@s a aprender nuevos paisajes de nosotr@s.

Esto ha tenido repercusiones a diferentes niveles, también en cuanto a la salud mental y emocional. Muchos síndromes y patologías están a la orden del día. En mi entorno personal, cercano, y también laboral, coincido con bastantes personas en la sensación de seguir arrastrando un peso pesado, consecuencia del desgaste acumulado y de la desorientación e incertidumbre presente y futura.

Este relato empieza por, primero de todo, admitir que soy y me siento un privilegiado. Por todo el contexto que me rodea: las posibilidades que tengo que me permiten, sin ir más lejos, tener acompañamiento en momentos de dificultad, el entorno en el que vivo, un trabajo que me gusta con un equipo formado por personas excepcionales, una buena salud y educación social y emocional y una red única que me acompaña.

Sé que mucha gente, por estas o por otras causas, ha sufrido o sufre situaciones más delicadas y complicadas que la mía. Sin embargo, el hecho de que sea consciente de mis privilegios o que piense que de otras personas tienen más dificultades, hace que en muchos momentos me niegue en cierto modo a aceptar mis limitaciones, vulnerabilidades o necesidades. Como si no tuviera derecho a tenerlas.

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Escribir, aceptar, transformar

Por eso hoy, que estrenamos diciembre en un año que recordaremos siempre, me he decidido a escribir. Sin pretender ser ningún ejemplo. Hoy que por fin comienzo a poner palabras, escribo desde el corazón sólo para relatar mi vivencia. En un momento precisamente en que no estoy ni muy lúcido ni clarividente mentalmente, ni me siento demasiado seguro de nada emocionalmente. Estas líneas son para compartir una experiencia que apenas estoy descifrando todavía. Y lo hago en primer lugar para mí, para liberarme y, de paso por si, en algún momento, tú que me lees, puedes resonar y te puede servir de alguna manera.

Para explicar(me) sensaciones extrañas y difíciles con las que he convivido últimamente. De no reconocerme o sentirme entre frustrado, impotente y angustiado por no reencontrar(me) mi mejor versión. Mientras escribo me doy cuenta que con las palabras viajan la aceptación y comprensión profundas que emergen sólo con el respeto por los tempos de cualquier proceso de transformación.


‘Aceptar que no podía era el primer paso para poder’


El vacío y la lucha interna

Llevo unos cuantos meses en fuera de juego. Sintiéndome vacío, sin energía ni confianza, lejos, desencajado, OFF, OUT del fluir con la vida, del trabajo, de las personas, de lo que me mueve. Meses en los que he tenido que parar para continuar, viendo como los días desfilaban ante mí y la sensación no cambiaba. Porque sin estar bien por dentro tampoco podía tomar ninguna decisión.

Lejos de un tiempo de descanso, ha sido casi una pugna interna diaria en solitario. De una relación compleja conmigo. Lo que antes era fácil ahora ya no lo era. Donde no cargaba baterías y donde luchaba con mis autoexigencias (mis críticos internos) procurando domesticarlas y silenciarlas. Los generadores de estrés archiconocidos de la responsabilidad, del tiempo, de la disponibilidad, de la economía, de la planificación…

El origen

En mi caso, todo empezó con una primavera muy intensa debido al confinamiento. El acompañamiento emocional que hicimos desde El despertador, la responsabilidad fruto del compromiso vocacional y del rol que desarrollo, las ganas de revertir la situación, familiarizarnos en tiempo récord con nuevos formatos, el hecho de no saber cuánto duraría y no conocer las variables en juego, la avalancha de retos superpuestos y exigentes, me dificultó poder poner límites a tiempo. Puse, y muchos, pero no suficientes. Un estrés sostenido en el tiempo de demasiado esfuerzo creativo sumado al desgaste acumulado durante años, de emprender y ser autónomo (con lo que ello implica), hizo que extralimitase fronteras que luego, con el relajamiento de la situación de las vacaciones, generaron un impacto en mi organismo que me hizo colapsar, con la sensación de que se habían fundido los plomos.


‘Los mitos occidentales del progreso, la productividad, el avanzar son falsos espejismos, impostores, que nos alejan de nuestras esencias, necesidades reales y bienestares.’


Curiosamente, hace un año aproximadamente, que me quise regalar un espacio para revisar estos aspectos e inicié un proceso con una terapeuta (a quien estoy muy agradecido) para que me acompañara, precisamente, a aprender a trabajar mi rol en los diferentes sistemas. A gestionar mi sentimiento de responsabilidad de manera diferente, a expresar límites y a cuidarme más y mejor y dejarme cuidar. Miro atrás y sólo puedo dar gracias a todo ello. Por todos los aprendizajes que me están ayudando -como alguien me dijo- a cambiar de piel poco a poco. Cito algunos …


Los aprendizajes

1. Me he dado cuenta una vez más que entregarme y aceptar que no podía era el primer paso para poder e ir superándolo. He conversado con el límite y he aprendido a mirar con compasión a los ojos de mi nueva versión limitada. Escuchándola, abrazándola, amándola. Todo un doctorado en aprender a acompañarme como si acompañara a otr@s, poniéndome por delante de todo y de tod@s, incluso de las personas que más quiero.

2. He percibido con más conciencia que vivimos a remolque de las palabras. Nos explican pero también nos aprisionan. Está claro que son mapas que nos pueden permitir clarificar, comprender, dialogar, pero también es cierto que no podemos negar el impacto que generan en nosotr@s los diagnósticos o juicios. Pueden ser puertas de entrada o, según como, jaulas. Tanto nos pueden legitimar como nos pueden robar realidades que estamos viviendo. En mi caso, cuando me diagnosticaron que lo que sufría era “el síndrome de Burnout”” me ayudó a respetar lo que me pasaba y, al mismo tiempo, me calmó, ya que me abría una pista identificada, una brújula que me hacía sentir menos perdido. Y sí, ayuda, pero al mismo tiempo se abre un abismo y se inicia una travesía, personal e intransferible, que se ha de recorrer y vivir. Desnudo y sin trampas. Y es aquí, donde muchos factores entran en juego, y emociones, creencias, expectativas, ilusiones, tensiones y problemáticas se conjugan, donde ya no hay lugar para las palabras salvadoras.

3. He descubierto que en muchas ocasiones cuidarse va mucho más allá de la voluntad, de la intención y de las acciones. No basta quererlo para hacerlo. Ni siquiera priorizarlo. Requiere un aprendizaje de saber leer, gestionar y bailar en un nuevo contexto. Entender qué pasa y qué necesitas, y comprender cómo pasa y como necesitas es todo un arte por momentos “malabarista” de autoconocimiento y reconocimiento, de respiración y validación, para poder transitarlo.

4. He celebrado y celebro haberme dado el permiso y ampliar la conciencia para emprender este proceso apenas hace un año y también de detenerme en septiembre, en lugar de seguir y hacer ver que no pasaba nada (el clásico yo puedo con todo), que tal vez es el camino más común y que tanto sufrimiento nos ocasiona.

5. Gracias a dar espacio a la fragilidad he podido conectar con mis límites y, al mismo tiempo, recorrer pantallas nuevas. Mi ser va por delante de cualquier exigencia y, o bien el cuido, o termino perdiendo el sentido y la esencia del vivir. En este sentido, los mitos occidentales del progreso, la productividad, el avanzar son falsos espejismos, impostores, que nos alejan de nuestras esencias, necesidades reales y bienestares. Dificultan la atención y la respiración para agotarnos en carreras infinitas de evaluación incluso de nuestros procesos de recuperación. Ahora y aquí rompo una lanza por el no saber, el dejarse sentir, las pequeñas celebraciones y el descubrir como alianzas útiles, prácticas y restauradoras de vida.

6. Algunos de los recursos que me han ayudado y ayudan a liberarme de las angustias y de los malestares y que son fuentes de vitalidad para enchufarme paulatinamente son: respirar, meditar, escuchar y darle espacio al cuerpo con el movimiento, el deporte, la canalización a través de la música y del piano, conectar con la naturaleza, el placer de las pequeñas cosas (tomar el sol, leer, pasear, cocinar entre otras cosas), permitirme decir que no, reconocer las metas y atender el segundo a segundo, la demanda más interna.

7. Y, finalmente, me he dado cuenta de que el poder más grande es saber vivir en el fuera de juego. Gracias a ello puedo reconectar con mi propósito desde la libertad (coherencia interna). Libertad y compromiso con el sentido y el bienestar que siempre he tenido y siempre he querido tener, y no quiero perder. Es gracias a permitirme estar OUT y OFF que puedo estar más IN y ON.

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Gracias por llegar hasta aquí. Deseo que alguna de estas líneas te inspire a seguir apostando por ti y lo que realmente eres y necesitas. A mí, además de acercarme, me ha servido para liberar un poco de peso en cada una de las palabras.

Respiro contigo.

Un artículo de Jordi Muñoz,
coach, recreador personal y musicoterapeuta,
fundador y co-director de El despertador


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Conversaciones:


Salud y bienestar con Lourdes Tomás y Anna Soriano
Conversando sobre el aprendizaje con Elena Palma y Jordi Muñoz

Propuestas musicales:


Respira y disfruta de tu música
Despertando  los sentidos con las pequeñas cosas
Playlist Spotify: El despertador’s breathe
En clave de Mi: En clave de Cuidar
En clave de mi: En clave de relajar

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