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Vivir el cambio

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Ilustración de Marta Castro

“Sal y haz algo. No es tu habitación la que es una prisión, eres tú mism@”
Silvia Plath, poeta

Sentir el cuerpo

Sé que se acerca. Se me acaban las excusas. Debo ya ponerme las pilas. Sé que un paso me llevará a otro y entonces todo será más simple porque ya estaré en movimiento. Sin embargo, aquí estoy, atascad@. No encuentro nunca el momento. Me falta aire. No me llega el oxígeno de los pulmones. Siento mis palpitaciones. Mi cuerpo está tenso, tieso. Siento el vértigo en una rigidez que me paraliza. De fondo, también, mis ganas de salir de la rueda de hámster y ponerme a andar. Porque aquí, cada vez más cerca, está el cambio que camino.

Este paso rompe una inercia

Estás en alerta. Suenan las alarmas. Persigues ponerte en movimiento mientras, al mismo tiempo, temes dar el primer paso. Y en el limbo de esa incómoda paradoja en la que vives, lo retardas con excusas. O, por el contrario, no paras de moverte en círculos inmóviles concéntricos y conocidos que te agotan, como bicicletas estáticas perfectamente justificadas a tu sillín de deber aparentemente cumplido. ¿Y qué pasa con lo que tú quieres?

Temes dar el paso no sólo porque no sabes dónde te llevará, sino porque con él se vislumbra una trayectoria insólita, diferente de tus trazados rutinarios. Y sabes del esfuerzo que significa desafiar a tus inercias más manidas, porque en ellas te reconoces. Has tejido en ellas tu cotidianidad, tu lugar, tu relato.Sientes como si renunciaras a todo ello. Trayectos, recetas repetidas, hábitos que te conforman y confortan pero que quizás ya no te sirven. Dar un primer paso implica diferenciarte, romper el espejo, desidentificarte, decir yo soy más que eso. Y también, aceptar que no sé lo que soy.

Respiramos… ¿Y seguimos? ¡Que ahora viene lo bueno!

Jugando para vivir

¿Y si lo vivo cómo un juego? ¿Qué tengo que perder realmente? Cuando confío, me atrevo y apuesto por mí, por dar ese paso. Cuando decido, teniéndome en cuenta, ¿qué es lo peor que puede pasar? Aunque me equivoque ya es un éxito porque encuentro una salida (“exit”) a mi bucle mental y dejo de dar vueltas a las decisiones para vivirlas.

Ya no sólo observo el tablero. He empezado a jugar. Estoy en la partida. Y cuando juego, no hay decisiones buenas o malas, las hago buenas si miro más allá de ellas, para aprender (me) de ellas, mejorar y seguir jugando. Y juego mejor cuando más me concentro en cada jugada, en cada movimiento de la partida. Ganar o perder es anecdótico, porque ya no me cuestiono jugar una vez estoy en sintonía. (Me) disfruto del estar jugando.

Cuando (nos) jugamos se integran los tres ejes. Así como un paso lleva a un segundo, un pequeño cambio desencadena otros. Conectando el cuerpo nos activamos y en el movimiento rompemos el molde y la armadura. Es en la acción, donde el cambio deja de ser un territorio inhóspito de rumiación hostil para presentarse como regalo en forma de aprendizaje/s incorporado/s. Donde ese “y si…” remoto se ha encarnado en un paso real. Una palanca, elegida o no, que puede posibilitar, con su digestión, una transformación más profunda.

Aceptando los propios límites, rompiendo barreras, flexibilizando fronteras, recreando paradigmas, despertamos nuevas miradas que van actualizando nuevas versiones de quienes somos. Visiones que abren ventanas a un vivir más consciente, presente, coherente, creativo, propositivo, auténtico e interconectado.

Del otro lado

Ahora que estás aquí, del otro lado del camino, que has pasado del pensar al sentir y a vivir el cambio, seguramente es el momento de grabarte a fuego el valor de todo lo aprendido para encarar el próximo desafío. Tuviste que respirar para salir de los laberintos de tu mente, para integrar los torbellinos emocionales, para andar y descubrir sus circunvalaciones y atajos.

Ahora sabes que es falso que el sendero es recto, ni puede ser predecible o prescrito por nada ni nadie. Que no es sólo un tópico que cada instante está cargado de nuevas variables por descifrar afuera y adentro. Y que tienes todo el derecho a encallarte y a no saber desentrañar sus enigmas.

Es más, cuando te permites no saber es cuando empiezas a poder. Que las recetas, las rutas y las respuestas únicas son ficciones/fricciones y los guiones impecables sólo tienen su razón de ser como punto de partida condenado al fracaso y a la improvisación.

Ahora, que has llegado, te das cuenta que el cambio no es ninguna meta, ni ningún lugar. Como esa bicicleta que tanto ansiabas y después de un momento de satisfacción integrabas en el trastero de tu cotidianidad. El cambio tiene su función de estímulo para el aprendizaje, para después diluirse e integrar sus 3 dimensiones (mental, emocional y corporal) en nuestro caminar. Somos camino.

TU ELIGES… *

Posibilidad 1

Todo empieza con un primer paso, quiero romper inercias que no me llevan a ningún lado…

Posibilidad 2

Mi momento ha llegado y, aunque no sé cómo y tener miedo, me preparo para arrancar.

Posibilidad 3

¿Falta mucho para llegar? Ya me he puesto en marcha, pero esto va para largo, ¿no?

Posibilidad 4

Sonrío al mirar atrás y celebro que la utopía ahora ya es realidad.
Y pensar que todo empezó con respirar…

Posibilidad 5

Me irá bien releerme alguna otra vez la Anatomía del cambio, porque el próximo cambio ya me está esperando…

* Propuestas todas válidas y complementarias, adaptadas a tu momento, motivación y autenticidad.


Escrito por Jordi Muñoz,
coach, recreador personal y musicoterapeuta,
fundador y co-director de El despertador
y del Institut Ecología Emocional España


Descárgate aquí la guía entera: “Anatomia del cambio. El cambio en 3D”
Escucha el podcast especial  “Nos preguntamos _ ¿Cómo puedo gestionar el cambio?”


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