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Carta a la Felicidad. Cap. 3: ¿Puedo ser feliz con dudas?

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Querida Felicidad,

Recibí tu carta con ilusión. Cuando abrí el buzón y vi el remitente… ¡Todavía no me lo creo! Aunque luego – ¡qué puñetera eres! – no me respondiste nada de lo que te preguntaba. Veo que también te gusta divagar y preguntar. Ok, acepto el reto. Me gusta que me plantees nuevas preguntas. Que me hagas navegar en la duda cuando justamente te preguntaba si eres compatible con el vivir con dudas. Es que en muchos momentos me cuesta gestionar el no saber, el no tener la respuesta correcta, el tener tantas posibilidades. Pero vamos por partes…

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He estado leyendo un libro que me recomendaron: Elogio de la duda de Victoria Camps para documentarme un poco, previniendo que no darías muchas certezas, y en uno de sus pasajes comenta algo así como que “el desconcierto y la desorientación no gustan, como sociedad nos cuesta resignarnos a la perplejidad”. Estoy de acuerdo con ella. Nos cuesta sostener la incertidumbre. Expresa nuestra nimiedad, nuestra fragilidad ante la inmensidad.

Fui a ver una obra de teatro la semana pasada, una adaptación de un libro de Alessandro Baricco precioso del que se hizo hasta una película. Su protagonista es un pianista excepcional que ha nacido y vivido toda su vida en un barco y está dispuesto a morir en él porque no se siente capaz de bajar a tierra. En el monólogo final, Novecento expresa muy bien esta sensación de superación que sentimos. Te recojo algunos pasajes donde cuenta lo que le impidió pisar tierra firme cuando bajaba la escalera del barco contemplando la ciudad:

“No fue lo que vi lo que me detuvo. Fue lo que no vi. ¿Puedes comprenderlo? En aquella inmensa ciudad había de todo, menos un final. No había final. No vi donde terminaba todo aquello, el final del mundo. En un piano las teclas empiezan y acaban. Sabes que hay 88. No son infinitas. Tú eres infinito y la música que puedes hacer es infinita. Así sí puedo vivir. Pero en un teclado con millones de teclas que no tienen fin, en un teclado infinito no hay música alguna que puedas tocar. Te has equivocado de taburete. ¿Cómo escoges entre tantas opciones? Todo ese mundo pesa demasiado y ni tan siquiera sabes dónde acaba. Yo interpretaba mi felicidad, pero en un piano que no era infinito. Aprendí a vivir de esa forma.
La tierra es un barco demasiado grande para mí. Es un viaje demasiado largo. Es una mujer demasiado hermosa. Es un perfume demasiado intenso. Es una música que no sé tocar. Perdonadme. Pero no voy a bajar”.


“Tú eres infinito y la música que puedes hacer es infinita. Así sí puedo vivir.
Pero en un teclado con millones de teclas que no tienen fin,
en un teclado infinito no hay música alguna que puedas tocar.


Abruma, ¿verdad? Todas y todos lo hemos sentido en algún momento. ¡Ufff! ¿Cómo gestionas eso? Es una locura. Te confieso que precisamente vivo en el campo, en un pueblo, cerca de una ciudad pequeña porque sentí que la velocidad y el exceso de propuestas, posibilidades, ofertas de todo tipo (relacionales, culturales, sociales, laborales…) de una gran ciudad, por muy atractivas que fueran, me hacían vivir en el estrés de un tempo por encima del mío. Y de tanta posibilidad te saturas y sientes la necesidad de recogerte y no hacer nada. ¿Podemos vivir con calidad la vida ante tanta cantidad? A mí el límite me permite tener un espacio en el que puedo encontrarme, cultivarme y puedo gestionar para dibujarlo, colorearlo, saborearlo y poder desarrollar mi infinitud. En este espacio siento que tengo aire para respirar, para volar en mi piano. Pero, ¿y sin aire cómo sostenemos la duda?

En la anterior carta hablamos de la prisa y siento que la prisa, entre otras cosas, es la que hace que temamos a la duda. Me citabas a Sócrates, a los escépticos, a Descartes, a Montaigne, a Shakespeare. Famosos por enaltecer el derecho a la duda como una forma epistemológica de avanzar. Del “sólo sé que no se nada” de la mayéutica socrática, que hace florecer ideas, diálogos y crecer posibilidades desde este permiso por no saber, al “ser o no ser” existencial de Hamlet. El permiso por la duda, por la curiosidad de querer ir más allá, por la contradicción, de una forma u otra nos permite desacelerar, cuestionar, detener el tiempo y atender los procesos. Respetar el tempo para el aprendizaje, respetar modalidades propias o ajenas (no enjuiciar), permitirnos el espacio para respirar el miedo, la incertidumbre, para escuchar, sentir y conectar.

Victoria Camps dice que “la duda es la receta o el antídoto ante el pensamiento dicotómico”. El eterno maniqueísmo que tanto radicaliza y perjudica el diálogo constructivo. Por ejemplo, con Elisabet Alguacil, mi compañera de aventuras personales y profesionales, muchas veces reflexionamos críticamente sobre, precisamente, un modelo de patriarcado que se ha perpetuado que está agotado, un paradigma en crisis del cual necesitamos romper sus cadenas para poder fluir. Para ello, por ejemplo, la duda es una herramienta fundamental: nos permite cuestionarnos hábitos y las costuras caducas que ya no nos representan para avanzar a nuevas formas de relación.


“El permiso por la duda, por la curiosidad de querer ir más allá, por la contradicción,
de una forma u otra nos permite desacelerar, cuestionar,
detener el tiempo y atender los procesos


Es verdad que, cuando entramos en modo perfección a la hora de elegir, la duda nos da por el saco porque necesitamos asegurarnos que elegimos lo mejor. José Carlos Ruiz, del que te hablaba el otro día, diferencia la “elección perfecta” de la “elección satisfactoria” para que la duda no nos sea un quebradero de cabeza y una fuente de estrés. Ser conscientes de nuestras necesidades o motivaciones esenciales para que nuestra elección no se pierda en el mercado fantasma de las ofertas aparentes.

Volviendo a la duda que te planteaba el otro día en la carta. ¡Te hizo gracia que te preguntara por los árboles, eh! El árbol del conocimiento y el de la vida. Como ves, últimamente me relaciono mucho con los árboles… 😉 La naturaleza la tenemos tan instrumentalizada que nos hemos alejado de toda su magia, menospreciando el impacto que tiene en nosotrxs y en nuestro bienestar. Nos falta una cura de humildad seguramente. Pero ahora mejor no me enrollo por ahí.

No, ya vi que lo pillaste enseguida, no iba tanto de la lectura de la Biblia, desde nuestra tradición cultural cristiana, en clave de expulsión del paraíso que tanto daño nos ha hecho y tanto nos ha alejado de ti desde la noción pecadora. Tenía en la cabeza otra lectura. En el instituto, hace muchos años, leí un libro que todavía me sigue resonando. Pascual Gálvez, mi profe de literatura y buen amigo, estará contento que todavía siga reflexionando. ¿Has leído El árbol de la ciencia de Pío Baroja?

A grandes rasgos, simplificando, el árbol de la ciencia es el del conocimiento, al que accedieron Adán y Eva originalmente cuando les llamó la curiosidad, mientras disfrutaban de los placeres del árbol de la vida. Con el conocimiento accedemos a la manzana de la información y con ella también a la conciencia de lo que pasa y de lo que hacemos, también de si somos o no felices. Al mismo tiempo que podemos aprender más cosas, acceder a más sabiduría, empezamos a sufrir. La sobreinformación, la parálisis por análisis, los grilletes de los porqués que nos machacan, de las etiquetas, del tener o deber ser que nos limitan la vida, la espontaneidad, la naturalidad, el aprendizaje, la intuición, la presencia… La parte más instintiva, inconsciente y animal del árbol de la vida.

En la dicotomía de árboles el paradigma analítico-científico y el hedonismo de la vida serían los polos opuestos. Donde aparentemente se contraponen la sabiduría y la ignorancia como modelos de relación con la vida y, por ende, como caminos para llegar a ti. Ahí es donde intuyo que me invitabas cuando me dijiste que me sirviese de la duda como herramienta. Ahora la entiendo: la duda expresa ese conocimiento limitado que sigue avanzando desde la humildad para encontrar una tercera vía que me permita integrar los dos árboles para no perderme en los extremos.

Saber navegar de rama en rama, entre los dos árboles, nos permite tejer, cuidarnos, vivir y expresarnos, pero también planearnos en el proceso. Saber que podemos ser felices e infelices nos puede ayudar a ser más conscientes y responsables de nuestras acciones, de cómo impactan en nuestra vida y en las de nuestro entorno.

Gracias por invitarme a disfrutar del no saber, de la duda, porque me doy cuenta que permite crecer. Eso sí, he tenido que sostener un ratito la incertidumbre y la pereza de no tener una respuesta, es más fácil. Me gusta que me retes, porque me demuestras que me valoras y que ves en mí que puedo avanzar en lo complejo.

¿Y la vida no es así, compleja? ¿Y si además del tiempo, la humildad fuera clave para la felicidad? El otro día me contaban una metáfora que me encantó: me dijeron que eras como la tecnología. No estamos todavía preparadxs para hacer un buen uso de ti. Quizás porque nos falte humildad para escucharte, reconocerte, descubrirte. ¿No te parece?

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Una carta de Jordi Muñoz,
coach, recreador personal y musicoterapeuta,
fundador i co-director de El despertador

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 Regresa a la carta 2: sobre la prisa para ser feliz · Sigue el relato de la carta en el capítulo 4 >>

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Bibliografía relacionada:

  • Elogio de la duda, Victoria Camps
  • Humanidades en acción, Marina Garcés
  • El arte de pensar, José Carlos Ruiz
  • El árbol de la ciencia, Pío Baroja
  • Novecento, Alessandro Baricco
  • Diálogos, Platón
  • El discurso del método, René Descartes
  • Ensayos, Michel de Montaigne
  • Hamlet, William Shakespeare
  • El segundo sexo, Simone de Beauvoir

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Què és per a tu la felicitat? (podcast)
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2 replies »

  1. Hola Jordi estic llegint les teves cartes a la felicitat i M’encanten, una bona i interessant reflexió, les he llegit de la última a la primera, molt bo això que dius: “Te escribo cuando, no sé si lo sabes, pero en pleno siglo XXI te has puesto de moda. Sí, claro, muchas mentes pensantes han escrito sobre ti a lo largo de la historia, pero es que no te puedes imaginar ahora. ¡Si mis abuelos/as (¡ni una vez te nombraron!) supieran cómo lo estás petando alucinarían!”” Realment quina obsessió mes estranya això de perseguir la felicitat, no sé amb qui parlava o llegia que deia: estàs bé, et fa mal algo? Tens algun problema greu? Doncs ets feliç
    El meu pare sempre recitava un poema del Dr letamendi del segle xIX sobre la bona vida:
    VIDA HONESTA Y ARREGLADA USAR DE POCOS REMEDIOS
    Y PONER TODOS LOS MEDIOS DE NO APURARSE POR NADA
    LA COMIDA REGULADA EJERCICIO Y DISTRACCIÓN
    NO TENER NUNCA APRENSIÓN SALIR AL CAMPO ALGUN RATO
    POCO ENCIERRO Y MUCHO TRATO
    Y CONTINUA OCUPACIÓN

    M'agrada

    • Moltes gràcies per les teves ressonàncies i reflexions Maria!
      Molt curiós el poema que et recitava el teu pare donant i obrint pistes per cultivar benestar en diferents àmbits de la vida.
      M’alegro molt que t’arribin les cartes.
      Cultivar aquesta ressonància i conversar-nos amb ella és el que sento que més ens pot apropar, sense grans aparadors ni enrenou…
      Una abraçada

      M'agrada

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